El Viaje (I)
La Habitación
La habitación estaba vacía, era de un blanco perla, en el centro solo había un gran sitial. No recordaba cuanto tiempo llevaba en ese lugar, le parecía que desde siempre. El frió calaba hasta sus huesos, sentía hambre, las pobres telas que cubrían su delgado cuerpo no alcanzaban para salvarlo de la gélida soledad.
El silencio era lo más terrible de todo. Intentaba gritar pero de su boca no salía sonido alguno. La soledad se hacia insostenible, el tiempo pasaba y no había cambio alguno en su situación.
El sitial le causaba terror pero en su desesperación corrió hacia el y lo registró. Buscó, buscó, buscó, cuando su fe ya había muerto con sus últimas fuerzas rompió el gran cojín del sitial y dentro encontró una llave y una nota la cual decía:
“La soledad es tu castigo, el silencio tu redención. Si estas aquí es por tu propia decisión. Si deseas salir tendrás que encontrarte a ti mismo. La llave es tu clave. Búscate y todo tendrá sentido. ”
Al leer esto comenzó a llorar, no entendía nada. La desesperación lleno su mente y la soledad su corazón. Con la incertidumbre cerro sus ojos y se durmió.
- El cielo era de color azul profundo, el aire fresco inundaba su pecho, abundante vegetación cubría el paisaje. Se encontraba desnudo, pero se sentía libre, protegido por la inmensidad de aquel lugar.
- Comenzó a caminar sin dirección alguna introduciéndose en el espeso bosque. Era calido y la escasa luz daba la sensación de que era antiguo, eterno. Sus pasos se escuchaban calmos, serenos. Su expresión era de tranquilidad y reposo.
- Luego de minutos caminando llego a un hermoso claro, en el centro de este enterrada en la tierra había una majestuosa espada.
- Caminó maravillado en dirección a la espada, la belleza de esta lo cautivaba. Cuando estuvo junto a ella, estiro su mano para tocarla, pero se detuvo en seco al escuchar una voz que provenía de ningún lugar.
- “Podrás tomar aquella espada cuando te hayas encontrado a ti mismo y puedas sentir lo que es el amor. Cuando encuentres a esa persona, la espada será tuya.”
Sintió frió, mucho frió y entre espasmos se dio cuenta que todo había sido un sueño, seguía en aquella lúgubre habitación, solo, sin saber que hacer.
Se puso de pie y se acerco al sitial y se abrigo entre los cojines de este.
No podía creerlo todo aquello había sido solo un sueño, no entendía por que todo le decía que se encontrará a si mismo, que significaba eso.
Los recuerdos del sueño lo atormentaban, nada tenia sentido. Quería saber el significado de amor y encontrarse a uno mismo pero no lograba divisar respuesta alguna.
Entre los cojines volvió a dormirse y nuevamente la voz se escucho en su mente.
- “Eres el que eres, debes verte a ti mismo, no dudes en gritar. Pero grita desde tu alma, desde tu ser. En ti esta la respuesta que buscas.”
Luego de escuchar la antigua voz, sucumbió en los brazos de Morfeo completamente, y soñó.
- Se encontraba en los brazos de alguien, el calor de esta persona lo cubría por completo sentía el velo de seguridad de algo que no comprendía.
- Todo se torno negro y de pronto volvió la luz. Sintió sus ojos adoloridos por el cambio. Se encontraba en lo alto de una montaña, nuevamente desnudo y solo. Comenzó a caminar.
- Luego de unos minutos encontró un antiguo altar y en este un escudo, un escudo fuerte y resplandeciente, al verlo corrió hacia el, pero tal cual como con la espada se detuvo. Al intento de tocarlo, la voz volvió a hablar.
- “Serás el señor de este escudo cuando encuentres a las personas que deseen protegerte y por las cuales darías tu vida.”
El sueño termino y estaba una vez más en la habitación, pero ya no era la misma, se había tornado de colores y era acogedora. Pero aun seguía solo. Se preguntaba quién seria la persona que lo abrigo en sus sueños. Lo que había sentido era grandioso, deseaba sentirlo una vez más.

